En Memoria

EN MEMORIA DE TODOS AQUELLOS QUE DIERON SU VIDA POR LA LIBERTAD EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.
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sábado, 1 de octubre de 2011

Cartillas de Racionamiento y El Extraperlo



Ya cautivo y desarmado el Ejército rojo, a España no le quedaba otra que ponerse a la tarea de sobrevivir. Tener un huerto, un monte cercano o el mar a la vista fue un privilegio en comparación con quien sufrió el hambre en las ciudades, sobre todo a partir de 1941. Con los productos de primera necesidad racionados en dosis controladas por la Comisaría General de Abastecimientos (en cantidades que no alcanzaban para evitar la desnutrición) y una catastrófica política agraria, lo que más rápido arraigó en suelo español fue el mercado negro.



Al inicio de la guerra civil española, ante la escasez de subsistencias , surgió un mercado negro, que se agravó al finalizar la contienda, por la aparición de una descomunal hambruna, en la que los ciudadanos, se veían privado del sustento mas necesario, para llevar la vida de nuestras familias adelante, ante los momentos mas difíciles de nuestra existencia.

Los productos de estraperlo se podían intercambiar o comprar. En un país donde aparentemente no había de nada, con provincias como Jaén, que en 1942 alcanzó una tasa de mortalidad infantil del 35% por la desnutrición y la ingesta de peladuras de patata u otros residuos, si se tenía dinero, se podía conseguir casi de todo.
Las autoridades establecieron las Cartillas de Abastecimiento, en la que semanalmente se retiraban de los comercios el cupo de artículos de primera necesidad, asignado a cada familia.

Dinero de Franco
La dictadura acabó con los ahorros de media España, al retirar de la circulación 13.251millones de pesetas republicanas y anular 10.356 millones más en dinero bancario.
Un kilo de azúcar costaba 1,90 pesetas a precio de tasa. En el mercado negro, costaba 20. El aceite para el racionamiento se pagaba a 3,75 el litro y a 30 de estraperlo. Una ley de 1941 que amenazaba con la pena de muerte a los especuladores no sirvió más que para provocar el suicidio de un hombre de Zaragoza que, por miedo, se arrojó al Ebro.

En los pueblos, muchos se dedicaban a la maquila, moliendo clandestinamente los cereales, para hacerse de harinas, que vendían a precios desorbitados.
Juana Doña, militante comunista a quien suprimieron la cartilla de racionamiento cinco años antes, ya que fue detenida y permaneció en la cárcel durante tres lustros contaba: «200 gramos de azúcar por familia, medio kilo de arroz, un cuartillo de aceite, dos kilos de patatas… Y así cada quince días o un mes. Éramos ocho en casa: cinco hermanos, los padres y una tía. Casi todo mujeres, por cierto»En las calles se ofrecía sobre todo pan y tabaco. Es igual que los negros que venden hoy discos». «Había hornos de pan ilegales. En cada portería, en cada esquina, una mujer mayor vendía con una bolsa exponiéndose a 15 días de cárcel –las tristemente célebres quincenas–. Los hombres fumaban guarrerías, así, cuando iban a trabajar a las cinco de la mañana, ya había mujeres vendiéndoles tabaco». «Las falsas embarazadas erán legión: Su vientre ocultaba aceite –carísimo–, harina, judías, carbón…».

El término estraperlo o straperlo es usado en España para referirse al comercio ilegal de bienes sometidos a algún tipo de impuesto o tasa por el Estado. Por extensión, es una actividad irregular o intriga de algún tipo, y se usa como sinónimo de mercado negro. A quien practica el estraperlo se le llama estraperlista.

El origen de este acrónimo está en un escándalo político ocurrido durante la Segunda República Española, producido como consecuencia de la introducción de un juego de ruleta eléctrica de marca "Straperlo", nombre derivado de Strauss, Perel y Lowann, apellidos holandeses de quienes promovieron el negocio, y que habrían aportado al acrónimo letras en cantidad proporcional a la participación en la empresa[1] (otras versiones afirman que el término procede solamente de los dos primeros nombres).

Cuando se descubrió que el juego que proponían los extranjeros era fraudulento, la policía intervino y se prohibió. Los timadores, enviaron un par de cartas a Lerroux tío en un tono claramente chantajista y el político no hizo ningún caso. Así que puestos a llevar la cuestión hasta sus últimas consecuencias, los estafadores no tuvieron reparo en comunicar los sobornos hechos a Alcalá-Zamora y hacerlos públicos. La prensa se encargó de agitar debidamente el tema para que finalmente Alejandro Lerroux viera finiquitada su carrera política por este hecho.



A partir de este escándalo la palabra estraperlo ha quedado como sinónimo de chanchullo, intriga o negocio fraudulento. Así, por extensión, se denominó también estraperlo, durante la posguerra española, al comercio ilegal (mercado negro) de los artículos intervenidos por el Estado o sujetos a racionamiento (decretado por el régimen de Franco desde 1936 hasta 1952), recibiendo el apelativo de estraperlistas los que se dedicaban a tal comercio.

Los Niños de Rusia.( Los Niños de la Guerra)


Se denomina niños de Rusia a los miles de menores de edad enviados al exilio durante la Guerra Civil Española desde la zona republicana a la Unión Soviética, entre los años 1937 y 1938, para evitarles los rigores de la guerra.

En un primer momento, disfrutaron de un cálido recibimiento y un trato en general bueno por parte de las autoridades soviéticas, mientras la guerra civil seguía su curso. Sin embargo, con la entrada de la URSS en la II Guerra Mundial y la invasión nazi de las zonas en que se encontraban las casas donde estaban alojados, hubieron de sobrellevar la dureza de la guerra, y posteriormente la de la vida entre una dictadura comunista que no les permitía salir del país y otra dictadura derechista que miraba con recelo a los que finalmente lo consiguieron. Algunos regresaron a España entre 1956 y 1959 y otros se trasladaron a Cuba durante la década de 1960, aunque un importante colectivo ha permanecido en Rusia hasta la actualidad.


En febrero de 2004 aún se contaban 239 "Niños de Rusia" como residentes en los territorios de la antigua Unión Soviética, según los archivos del Centro Español de Moscú. En la actualidad, habiendo tenido posibilidad de recuperar su nacionalidad perdida, disponen de ciertas ayudas por parte del Estado español.

Aunque los niños de Rusia no son los únicos, ni siguiera la mayoría de los niños enviados al exilio, es común también la referencia a los mismos, en general, como los niños de la Guerra.



Estos hitos históricos van estructurando el relato de las vidas y los diferentes juicios de los protagonistas en torno a si debieron o no salir del país, sobre el acierto o no de la decisión de sus padres, de lo que ha supuesto en sus vidas la permanencia en Rusia, sobre el confinamiento que no les permitió volver a su país como los niños que estuvieron refugiados en otros países al acabar la guerra, sobre la Rusia actual en la que de nuevo se impone la influencia religiosa y el hambre. Las opiniones son diversas; en lo que sí están todos de acuerdo es en la bondad del pueblo ruso, en que la acogida estuvo llena de solidaridad y compasión, en que se les intentó formar culturalmente y tenerlos unidos para que no perdieran su cultura; también en que la España que encontraron los que regresaron en el año 56 era una España putrefacta que jamás los admitió como personas, siempre fueron sospechosos y se les intentó purgar del lavado de cerebro que traían con otro peor en el que participaba el país entero bajo el nacional catolicismo, y así no sólo fueron sospechosos ante la policía española, que dejó que actuará la CIA en nuestro territorio para descubrir planes y planos, sino que sus familiares y vecinos siempre los vieron como algo foráneo y peligroso. Algunos, ante tanta hostilidad, regresaron de nuevo a Rusia.


Resulta conmovedor el contraste entre la serenidad, la sinceridad, la viveza de los recuerdos que los protagonistas van desgranando ante las cámaras en el momento actual y las imágenes en blanco y negro de documentales de aquel tiempo, fotografías y canciones que nos hacen vivir una época que no vivimos, pero que está tan presente en todos nosotros y que les debíamos como homenaje a estas personas.



Sus vidas ilustran la veleidad del futuro, la inutilidad de los planes, el desarraigo como una metáfora de la vida, el extrañamiento y la soledad como una forma de ser del hombre, la añoranza y su superación y por encima de todo la dignidad y la sinceridad, la emoción y la entereza de estos protagonistas involuntarios; de este viaje que se prolonga en el tiempo hasta ocupar la totalidad de sus vidas.


La propaganda comunista los veía, de algún modo, como la futura élite política en una república socialista española que surgiría de la victoria en la Guerra Civil. Entre los niños y sus familiares también existía el convencimiento de que su paso por Rusia sería corto, y en sus testimonios confirman que se sentían felices ante la aventura del viaje a un país extranjero.







El recibimiento dispensado en Leningrado a alguna de las expediciones fue una fiesta. Como correspondía a una maniobra con un trasfondo propagandístico de importancia, en la que se demostraba el apoyo soviético a la lucha contra el fascismo en España, las autoridades soviéticas se preocuparon de la higiene, alimentación y salud de los niños. Se les distribuyó en diferentes centros de acogida, las "Casas de Niños" o "Casas Infantiles para Niños Españoles", entre las que había casas de descanso de los Sindicatos e incluso pequeños palacios que habían sido expropiados durante la Revolución de Octubre. En estas casas, aparte de tener cubiertas todas sus necesidades, recibían educación en su mayor parte en español, impartida por los educadores españoles (en su mayor parte mujeres), conforme al modelo educativo y los ideales soviéticos.


A finales de 1938 se contaban un total de dieciséis casas en toda la URSS. Once de ellas se situaban en la actual Federación Rusa: entre ellas, una en el centro de Moscú (conocida como Piragovskaya), dos en la zona de Leningrado (una en Pushkin, actual Tsarskoe Selo, a 24 kilómetros al sur de la ciudad; una en Obninsk) y 5 en Ucrania (entre ellas, una en Odesa, otra en Kiev y otra en Eupatoria). La vida en general en las Casas de Niños es recordada por los mismos como un paréntesis alegre entre las dos guerras cuyas consecuencias sufrirían. Los supervivientes siguen teniendo conciencia de haber sido privilegiados por la educación recibida durante estos años, hasta la llegada de la guerra.

Fusilamientos Guerra Civil

Los fusilamientos, junto con todo tipo de barbaridades cometidas, es quizás el mas terrible de los recuerdos de nuestra pasada guerra y causa, hoy en día, de tremendas controversias. La gravedad del tema hace necesario ahondar en el estudio lo que sucedió entonces, por la necesidad de recuperar la verdad de los hechos y con la esperanza de que no se puedan repetir.



Así, primero arcabuceados, luego acribillados con el mosquete y más tarde con los distintos modelos de fusiles, miles de personas irán pereciendo gracias al poder expansivo de la pólvora y de su capacidad de propulsar proyectiles. Unos morirán en los campos de batalla, a menudo sin saber las razones por las que estaban luchando. Otros morirán delante de los paredones, a causa de las descargas de los piquetes de ejecución.

En las sociedades en las que ha existido o existe la pena de muerte los verdugos profesionales siempre han sido pocos. Y el número de artefactos de ejecución (garrotes, guillotinas, sillas eléctricas...) limitados. Al contrario, una de las particularidades del fusilamiento es que se lleva a cabo con un instrumento del que existen millares de ejemplares: todas las sociedades cuentan con sus unidades de infantería provistas de fusiles, a las órdenes de sus respectivos oficiales. Esta fácil disponibilidad de instrumentos de ejecución y de ejecutores listos para utilizarlos (entrenados para recibir órdenes sin cuestionarlas), ha hecho que las víctimas de fusilamientos sean mucho más numerosas que las de otros sistemas de ejecución.

El fusilamiento, además de ser la forma más habitual de ejecución en los códigos de justicia militar, ha sido también la principal forma de ejecución de la población civil por parte de los militares. Y no sólo por parte de los ejércitos invasores o colonialistas: a menudo el ejército de un país ha sido el mayor verdugo de su población. Es un hecho que se ha repetido en las distintas revoluciones armadas y en los golpes de estado promovidos por militares.












domingo, 25 de septiembre de 2011

LAS TRECE ROSAS


Fue uno de los episodios más crueles de la represión franquista. El 5 de agosto de 1939, trece mujeres, la mitad menores, fueron ejecutadas ante las tapias del cementerio del Este. Su historia sigue viva hoy
“Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia”. Fueron éstas las últimas palabras que dirigiría a su familia una muchacha de 19 años llamada Julia Conesa. Corría la noche del 4 de agosto de 1939.Hacía cuatro meses que había terminado la Guerra Civil. Madrid, destruida y vencida tras tres años de acoso, de bombardeos y resistencia ante el ejército sublevado, intentaba adaptarse al nuevo orden impuesto por el general Franco, un régimen que iba a durar cuatro décadas.

Sería aquélla la última carta de Julia Conesa. Y ella lo sabía. Porque, junto a otras catorce presas de la madrileña cárcel de Ventas, había sido juzgada el día anterior en el tribunal de las Salesas. “Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.426 que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra los procesados (…) responsables de un delito de adhesión a la rebelión (…) Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada uno de los acusados (…) a la pena de muerte”, dice la sentencia. A Julia la acusaban hasta de haber sido “cobradora de tranvías durante la dominación marxista”.


Y apenas 24 horas más tarde, 13 de aquellas mujeres y 43 hombres fueron ejecutados ante las tapias del cementerio del Este. El momento lo recuerdan así algunas compañeras de presidio: “Yo estaba asomada a la ventana de la celda y las vi salir. Pasaban repartidores de leche con sus carros y la Guardía Civil los apartaba. Las presas iban de dos en dos y tres guardias escoltaban a cada pareja, parecían tranquilas” (María del Pilar Parra). “Algunas permanecimos arrodilladas desde que se las llevaron, durante un tiempo que me parecieron horas, sin que nadie dijera nada. Hasta que María Teresa Igual, la funcionaria que las acompañó, se presentó para decirnos que habían muerto muy serenas y que una de ellas, Anita, no había fallecido con la primera descarga y gritó a sus verdugos: ‘¿es que a mí no me matan?” (Mari Carmen Cuesta). “Si fue terrible perderlas, verlas salir, tener que soportarlo con aquella impotencia, más lo fue ver la sangre fría de Teresa Igual relatando cómo habían caído. Entre las cosas que nos dijo, fue que las chicas iban muy ilusionadas porque pensaban que iban a verse con los hombres [con sus novios y maridos, también condenados] antes de ser ejecutadas, pero se encontraron que ya habían sido fusilados” (Carmen Machado).


Quince de los ajusticiados ese 5 de agosto de 1939 eran menores de edad, entonces establecida en los 21 años. Por su juventud, a estas mujeres se las comenzó a llamar “las trece rosas”, y su historia se convirtió pronto en una de las más conmovedoras de aquel tiempo de odio fratricida y fascismo. Retoma la historia de las trece rosas ahora la productora Delta Films en un largometraje documental títulado Que mi nombre no se borre de la historia, tal como pidió Julia en los últimos minutos de su vida. En la película se muestra el drama personal y el contexto social, político (su militancia en las Juventudes Socialistas Unificadas, JSU) y bélico en el que se mueven las protagonistas. “Es el primer documental sobre el suceso y entendimos que era urgente hacerlo porque son pocos los testigos vivos. Si no se recogen ahora sus voces, permanecerán para siempre en el olvido”, dicen los directores, Verónica Vigil y José María Almela.



“Tras entrevistar a sus compañeros de organización, a sus familiares, concluimos que las trece rosas eran mujeres que sabían bien lo que hacían, y que con gran valentía y clarividencia lucharon contra el régimen antidemocrático que se avecinaba”, comentan Vigil y Almela. “Se afiliaron a la JSU de forma consciente; pudiendo quedarse en casa, salieron a la calle y optaron por luchar y defender la II República española, desempeñando diversas labores durante la defensa de Madrid y poniendo en riesgo sus propias vidas”. Según Fonseca, el régimen franquista “adoptaba un tono paternalista con las mujeres en sus mensajes, pero trató con igual inquina a hombres y a mujeres. La miliciana era para los vencedores la antítesis de la mujer, cuya misión en la vida era ser madre y reposo del guerrero”. Para Santiago Carrillo, que fue primer secretario general de la JSU, “en las guerras, son ellas siempre las que más sufren… Y el régimen de Franco hizo todo lo posible por destruir el espíritu de libertad de las mujeres que se había creado con la República”.


Las Trece Rosas
Carmen Barrero Aguado (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones (lo que estaba prohibido). Se conservan algunas de las cartas originales que escribió a su novio y a su familia desde la prisión.
Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. Escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aun se conserva.
Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización del radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su "novio". La detuvieron cosiendo en su casa.
Adelina García Casillas (19 años, activista). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio ordinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.
Elena Gil Olaya (20 años, activista). Ingresó en las JSU en 1937.
Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.
Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.
Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó "¿Es que a mí no me matan?".
Joaquina López Laffite (23 años, secretaria). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las JSU). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.
Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Victoria Muñoz García (18 años, activista). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.
Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastre). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.
















sábado, 24 de septiembre de 2011

Canciones Guerra Civil Española














































































lunes, 19 de septiembre de 2011

VIAJE POR BELCHITE Y PSICOFONÍAS

Belchite, uno de los lugares que durante la guerra civil sufrió la barbarie de la desgracia. En tiempos de la batalla, miles de cadaveres se amontonaban en las calles y un gran resíduo energético pulula desde entonces por el lugar. Se ha investigado en Belchite durante muchas ocasiones y ha obtenido interesantes inclusiones psicofónicas que ponen de manifiesto algunos de los episodios que la guerra civil española, todavía tiene celósamente guardados.

Las psicofonías al escucharlas, parece que uno ha sido capaz de recoger un breve fragmento de historia, como si la voz hubiese perdurado a través del tiempo con la posibilidad de ser captada en determinados momentos.










La leyenda de Belchite comienza en epoca de la Guerra Civil Española, con el bombardeo de todo el pueblo y con la muerte de sus habitantes A raiz de estos hechos se dice que por las ruinas del Belchite Viejo (tengo que aclarar que me refiero a Belchite Viejo al existir actualmente el pueblo llamado Belchite que es el que esta habitado y el Belchite Viejo que es el que fue destruido), vagan las almas de toda la gente que murió... Segun nos adentramos en el pueblo, podemos observar a los lados como se levantan una hilera de edificios y casas, todos desvastados por las bombas.


(PUEBLO VIEJO DE BELCHITE, YA NO TE RONDAN ZAGALES, YA NO SE OIRAN LAS JOTAS QUE CANTABAN NUESTROS PADRES)
Desde su total abandono en la década de los 60 y dado su pasado doloroso y sangriento, junto con el perfil fantasmal de edificios semiderruidos. Belchite viejo ha sido un centro de peregrinación para investigadores de lo paranormal de todo el mundo. Las ruinas de los conventos de San Rafael y San Agustín, la inquietante torre del reloj, el viejo cementerio, la iglesia de San Martín… cualquier rincón de este pueblo es un lugar idóneo para pasar una noche con una grabadora y un termo de café.


El Cementerio de Belchite es para muchos investigadores de lo paranormal, es el lugar perfecto para realizar psicofonias, y por los resultados podemos afirmar que así es, tanto por la cantidad como por la calidad.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Belchite, Un Pueblo Fantasma


Y cuando todo un pueblo honra una victoria, este mismo llora de pena” Belchite, el pueblo fantasma, conocido por sus aferes “paranormales”, y su “belleza” destruida, se convierte en objeto de ser fotografiado. Pueblo lleno de historia, arena y polvo.

Belchite, Zaragoza, 24 de agosto de 1.937. España estaba sumida en una cruenta guerra civil, una gran matanza de hermanos sin precedentes, la guerra civil más internacional y despiadada de la historia, antesala de la Segunda Guerra Mundial y campo de entrenamiento para el Fascismo de Mussolini y Hitler: el desbordante Imperio Nazi.

Sabido es que durante la Guerra Civil española se produjeron innumerables episodios dolorosos y de penoso recuerdo. Uno de ellos se vincula con el pueblo de Belchite.


El frente Nacional y el Republicano mantienen cerca del Ebro una de las batallas más destructivas de la guerra que duraría desde ese mismo día 24 de agosto hasta el 6 de septiembre, en la que fue determinante la intervención de bombarderos alemanes nazis, dejando como resultado un pueblo de importante legado artístico mudéjar completamente destruído y unos 6.000 muertos. Desde entonces y hasta el día de hoy el pueblo, en su totalidad en ruinas, se mantiene como testigo maltrecho de la barbarie, mostrándose a duras penas como testimonio vivo del genocidio provocado entre hermanos por el levantamiento franquista contra la voluntad democrática popular. Belchite, el pueblo fantasma, llora hoy junto a su moderno pueblo homólogo la muerte, el dolor, el llanto y el destierro de la España cañí que se derrumbó estrepitosamente.





Durante agosto y setiembre de 1937, se llevaron a cabo una serie de acciones militares en las cercanías de esta población zaragozana. Una gran ofensiva de las fuerzas republicanas dio inicio a las operaciones en un frente que se extendía por casi 100 kilómetros, entre Zuera y Belchite.

Pronto fueron ocupadas las poblaciones de Quinto, Mediana y Codo, así como se lograban avances generales. Pero curiosamente, las fuerzas nacionalistas en Belchite oponían una inesperada resistencia.

Franco, se erguía con orgullo entre las ruinas de su "obra", construiría el nuevo pueblo de Belchite, usando a los "perdedores" en todo tipo de trabajos forzados y manteniendo el viejo pueblo en ruinas para que nadie olvidase jamás el escarmiento a las milicias republicanas.


Pero con el viejo pueblo de Belchite se esfumaba un pedazo del patrimonio cultural y artístico español, y con él toda esperanza de justicia para una España que se sumía en la pobreza de posguerra y en el estancamiento dictatorial que duraría cuatro largas décadas. Belchite fue el ejemplo de lo que sería la administración franquista

La historia de Belchite se resume en lo siguiente: tras el levantamiento nacional contra la Segunda República, los militares de Zaragoza apoyaron el golpe convirtiendo la zona en escenario de lucha. El ejército republicano avanzó por la región tomando las comarcas hasta que se toparon con un contingente militar importante parapetado en Belchite.
La batalla que allí se produjo fue de las más sanguinarias de nuestra historia.
El pueblo tardó tanto en caer que tras la victoria franquista el propio Franco colmó de honores a sus gentes (a los vivos, claro).
También les ofreció un regalo que debían precisar, les propuso cambiar el sistema de secano por regadíos, lo cual habría puesto a Belchite tras su reconstrucción a la cabeza de la zona y hoy sería una zona rica de Aragón, o la construcción de un nuevo pueblo; al elegir lo segundo nos ha sido legado a las nuevas generaciones un recuerdo intacto de lo que allí ocurrió.





Se cuenta que un grupo de parapsicólogos había ido a Belchite a investigar e intentar grabar algo realmente esclarecedor. Después de pasear por el pueblo buscando sitios inquietantes dónde empezar a grabar, se decidieron por la iglesia ya que ésta había sido la prisión improvisada de los soldados cogidos del otro bando.

Entraron y antes de empezar las grabaciones oyeron una voz masculina que, con un fuerte acento baturro, decía “Sacadme de aquí...Sacadme de aquí...¡¡SACADME DE AQUÍ!! Emocionados, todo el grupo empezó a enchufar las grabadoras y a tomar notas, haciendo caso omiso de lo que la voz les decía. Fue en ese preciso instante cuando la misma voz, con un tono enojado e impaciente, empezó a gritarles que se fueran. "¡¡Largo de aquí!! ¡¡LARGO!!"
Alarmados, todos abandonaron la iglesia.
Un trozo de techo se desplomó, justo encima del lugar donde habían estado grabando.


Hoy día el pueblo está desierto, sin vida. Sólo están las ruinas tal y como quedaron después de aquella guerra civil de 1936.